Nicholas Blohm, un escritor frustrado, encuentra cierto día en el parque un extraño personaje: un comprador-vendedor "al peso" de libros usados. el hombrecillo lo reconoce por haber leído de él un par de libros, y decide obsequiarle un manuscrito que extrae de la colección que guardaba en una enorme bolsa plástica negra.

El escritor empieza a leerlo y nota que el manuscrito es especial. Cuando lo cierra desaparece la historia, es decir, todo lo que en él había escrito. Se desespera, pues su intención es apropiarse de la novela, y en medio de su ansiedad por encontrar respuestas decide buscar en Internet. Encuentra que los personajes que figuraban en el manuscrito sí existen y que justo está ocurriendo lo que decía que iba a suceder.

Viaja a Roma a encontrar a los personajes de "su novela" y de pronto se ve involucrado en la trama.

A lo largo de la novela junto al personaje principal debe encontrar el secreto dejado por el conde Claudio Contini-Massera a su sobrino. Un secreto que de llegar a cristalizarse involucra una gran fortuna, una búsqueda que apela a la inteligencia de ambos: sobrino y escritor; y que los lleva a bibliotecas encadenadas, a las catacumbas de Armenia y a la Isla de Capri.

jueves, 4 de octubre de 2012

El manuscrito 1 El secreto en el blog Así lo Pienso y así lo Escribo


EL MANUSCRITO I. EL SECRETO

Así lo pienso y así lo escribo

“Cuando el monje extendió las manos ofreciéndole el cofre, se encontraba al borde del acantilado. Por un momento tuvo miedo de que fuese una trampa. Antes de entregárselo lo retuvo un instante como arrepintiéndose. Temblaba tanto que pudo sentir sus movimientos compulsivos. Luego el monje hizo un ademán brusco, soltó el cofre y se lanzó al vacío. No se escuchó ni un grito. Instantes después, solo un sonido seco acompañado de un crujido atenuado por la distancia. Horrorizado, se asomó al precipicio y pese a que ya estaba oscuro pudo distinguir un bulto informe sobre la roca plateada…”

Así comienza la trepidante historia de El manuscrito I. El secreto, de Blanca Miosi.

Es la historia de Nicholas Blohm, un escritor norteamericano mediocre que no ha conseguido el éxito aunque tiene un par de novelas publicadas. Deseando escribir la “definitiva”, pero sintiendo que las musas han pasado de él, se sienta en un banco del parque donde espera recuperarlas y conoce a un extraño personaje que le deja un todavía más misterioso manuscrito, y desaparece. El protagonista lo abre y descubre una novela sorprendente, bien narrada, ciertamente adictiva y, sobre todo, sin autor. Inmediatamente se convence de hacerla suya y lo cierra. Pero cuando vuelve a abrirlo, lo que había leído ha sido sustituido por una historia bien distinta.
 

El manuscrito I. El secreto

Blanca Miosi, a quien no tengo el privilegio de conocer personalmente, nos sumerge en una aventura donde se mezcla acción, intriga y misterio en un cóctel increíble por su originalidad, pero en el que los protagonistas resultan personajes creíbles.

El manuscrito I. El secreto tiene una estructura literaria compleja, pero extraordinariamente bien enlazada. Juega con dos narradores (uno hace su trabajo en tercera persona y otro en primera), como si fuese una novela dentro de otra. No obstante, este “juego” permite al lector seguir la historia con suma facilidad.
Está perfectamente rematada al final, concluyendo la aventura que se narra. Y esto es muy importante en vista de la aparente continuación de la saga El manuscrito, pues hace que cada una de las partes que se lleguen a publicar sea independiente de las demás. A este respecto, leí un tuit suyo en el que mostraba su satisfacción por cómo le estaba quedando El manuscrito II. Y cuando un escritor ya contrastado como Blanca Miosi se siente así, es que la continuación de la saga merece la pena. Estaremos atentos a su lanzamiento.

Entretanto, además de leer esta novela, recomiendo visitar el blog de la autora: “Blanca Miosi y su mundo”, uno de los más inteligentes y prácticos que se publican en la red, especialmente para escritores que comienzan a caminar, como yo.

Blanca, gracias por haberme hecho pasar un fantástico fin de semana.
Así lo pienso, y así lo escribo.