Nicholas Blohm, un escritor frustrado, encuentra cierto día en el parque un extraño personaje: un comprador-vendedor "al peso" de libros usados. el hombrecillo lo reconoce por haber leído de él un par de libros, y decide obsequiarle un manuscrito que extrae de la colección que guardaba en una enorme bolsa plástica negra.

El escritor empieza a leerlo y nota que el manuscrito es especial. Cuando lo cierra desaparece la historia, es decir, todo lo que en él había escrito. Se desespera, pues su intención es apropiarse de la novela, y en medio de su ansiedad por encontrar respuestas decide buscar en Internet. Encuentra que los personajes que figuraban en el manuscrito sí existen y que justo está ocurriendo lo que decía que iba a suceder.

Viaja a Roma a encontrar a los personajes de "su novela" y de pronto se ve involucrado en la trama.

A lo largo de la novela junto al personaje principal debe encontrar el secreto dejado por el conde Claudio Contini-Massera a su sobrino. Un secreto que de llegar a cristalizarse involucra una gran fortuna, una búsqueda que apela a la inteligencia de ambos: sobrino y escritor; y que los lleva a bibliotecas encadenadas, a las catacumbas de Armenia y a la Isla de Capri.

viernes, 19 de julio de 2013

martes, 28 de mayo de 2013

El Manuscrito I - El secreto, Blanca Miosi, una crítica de Jordi Díez

Como he reconocido en alguna de las novelas reseñadas en este blog, antes de iniciar con la obra de Blanca Miosi debo aclarar que tengo la fortuna de ser amigo de la autora, quien por cierto es una persona extremadamente interesante.

A raíz de la relación con Blanca, reseñar una de sus novelas me producía un cierto vértigo porque no había leído nada de ella antes de ser amigos. Con Albert Salvadó, por ejemplo, con quien me une también una muy buena relación, antes de conocernos yo ya había leído El maestro de Keops y no tenía duda de su talento, ni de su capacidad noveladora, ni de lo que me iba a encontrar. Sin embargo, atreverme con la obra de Blanca me aterrorizaba a la par que sentía la necesidad urgente de acercarme a sus novelas. Por desgracia el tema de la segunda guerra mundial y todo lo derivado, o relacionado, con los nazis es superior a mí y no consigo leerlo. No por bueno o malo, sino porque no tengo más capacidad de leer tristeza. Las cenizas de Ángelaya vaciaron mis lagrimales. Hice una excepción con Gunter Psarris, pero no más, y las otras novelas de Blanca están muy relacionadas con este tema, así que la apuesta para iniciar con su obra era sencilla, su gran best-seller El Manuscrito I – El secreto.

Ahora me arrepiento, la verdad…, de no haberlo leído mucho antes.

La señora Miosi tiene la capacidad de escribir un thriller como “un hombre” - atención, ya he comentado alguna vez este punto, no se trata de machismo o feminismo, o del género de la autora o autor, sino de etiquetar una forma de escritura más o menos femenina -, decía que escribe el thriller desde un punto de vista prioritariamente masculino, no abundan los detalles estéticos ni paisajísticos, solo los estrictamente necesarios para estar situados en cada momento, y prima el conocimiento de los personajes a través de una trama original y hechizante. De la trama solo puedo decir que ojalá se me hubiera ocurrido a mí…

Con una prosa ágil, carente de los adjetivos “evalunáticos” de Isabel Allende o caribeños deEliseo Alberto, tan abundantes a veces en la literatura latina, la historia de la novela es directa, los personajes bien construidos, sin contradicciones, especialmente los dos protagonistas, Nicholas y Dante, en un avance lineal que sorprende a cada página. Es muy importante esta patina de velocidad y realidad porque el eje principal de la novela se apoya en un hecho fantástico que hubiera rechinado en cada párrafo si la autora no hubiera estado a la altura. Para entendernos, es muy difícil crear una historia que transcurriera en el Manhattan de nuestros tiempos y que apareciera, como un personaje principal, Campanilla. La capacidad para ridiculizar toda la novela sería muy grande, y solo con un gran esfuerzo narrativo y mucho talento se consigue un resultado como el de El Manuscrito. Y tranquilos, no aparece Campanilla…

Una novela que nos lleva en un recorrido por diferentes escenarios físicos narrados con la astucia suficiente para situarnos sin agobiarnos, hombres buenos que podrían ser malos, y malos que podrían ser buenos, apariencias engañosas, mujeres hermosas con pasado, secretos, frustraciones, miedos, traiciones, esperanzas, amores fieles y amistad. La vida misma.

El Manuscrito es una novela ligera, como aquella de Eduardo Mendoza, sin mayores pretensiones que encerrarnos en sus páginas durante unos días, y lo consigue. Su carpintería está bien armada a base de horas de trabajo, lo que hace que no se vean listones sueltos ni tornillos mal apretados. Quizá la única pega que le pondría es que es una novela en la que necesitas entrar desde el principio, no hay puertas laterales para incorporarse a mitad de historia, como una gran tienda de Ikea, fantástica si haces todo el recorrido, pero que te abruma y te pierdes si cometes la osadía de entrar a mitad del mismo. Yo tuve la fortuna de entrar con buen pie desde el primer momento.

Reconozco con toda sinceridad que la novela me ha encantado, me atrapó desde el principio, me hizo envidiar profundamente no haber tenido yo la idea, y me dejó, en su última página, con el sabor agridulce del que se toma el último bocado del postre de un gran menú, triste por su finalización, pero feliz por saber que cualquier día será invitado a la mesa de nuevo.

Resumen del libro (editorial)

Nicholas Blohm, un escritor frustrado, encuentra cierto día en el parque un extraño personaje: un comprador-vendedor 'al peso' de libros usados. El hombrecillo reconoce a Blohm por haber leído de él un par de libros, y decide regalarle un manuscrito que extrae de la colección que guarda en una enorme bolsa negra de plástico.
El escritor empieza a leerlo y advierte que se trata de un manuscrito especial. Cuando lo cierra desaparece la historia, es decir, todo lo que en él había escrito. Se desespera, pues su intención es apropiarse de la novela, y en medio de su ansiedad por encontrar respuestas decide buscar en Internet. Encuentra que los personajes que figuraban en el manuscrito sí existen, y que está ocurriendo justo lo que éste decía que iba a ocurrir.
Para encontrar a los personajes de "su novela" viaja a Roma, y de pronto se ve involucrado en la trama.
A lo largo de la novela junto al personaje principal debe descubrir el secreto dejado por el conde Claudio Contini-Massera a su sobrino. Un secreto que, de llegar a revelarse, representa una gran fortuna, en una búsqueda que apela a la inteligencia de ambos: sobrino y escritor, y que los lleva a bibliotecas encadenadas, a las catacumbas de Armenia y a la isla de Capri. 

Blog Mis últimas Lecturas de Jordi Díez, autor de El péndulo de Dios.
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